Cap. 1
Perdonar una infidelidad no es un acto de nobleza, no tiene nada que ver con la bondad, la madurez o el amor incondicional.
Hay tres vertientes básicas y cada cual puede adherirse a la que más se le acomode:
a. La que nunca perdona. Por razones de ego esta persona piensa que su pareja no tiene el mismo derecho a desear intimidad con nadie más, de la misma forma que ella ya lo ha hecho en algunas ocasiones (en su cabeza, "por supuesto"). Piensa que si ella es capaz de aguantarse las ganas, él debe hacer lo mismo. Especialmente cuando la tentación es obvia y amenazadora -entre más atractivos son los cachos más nos dan en el ego, pero al mismo tiempo reconforta saber que la pareja tiene buen gusto ergo somos también atractivas y especiales. Bottom line: "si yo me he aguantado, tú también te aguantas, o ya no *te lo doy* más".
b. La que perdona por necesidad. No sólo en las telenovelas las personas se aguantan la infidelidad por razones económicas o sociales. Quedarse sin techo y comida es una razón suficiente para hacerse la que no sabe nada cuando se trata de la "vida privada" de la pareja. También están quienes no necesitan económicamente pero sí emocionalmente. Surgen ideas como: "pero si ya le dediqué 3 años a este gue..., por qué putas los tengo que botar ahora por la ventana"; o "pero qué pereza conseguirme otro novio a estas alturas del partido, mejor me aguanto a este". "¡Tanto que me costó levantarmelo!". En estos casos, para aligerar las cargas, se recomienda pagar con la misma moneda con perfecta discresión cuando exista una oportunidad real y que valga la pena -no salga a poner los cachos sólo por ponerlos, espere el chance en ese viaje a la playa con su familia o cuando por trabajo tenga que visitar otro país".
c. La que perdona por estrategia. Si su pareja es tal vez un hombre pudiente o importante y usted tenía serios planes para el futuro basados en la idea de que él sería su apoyo emocional y económico (por ejemplo, si el señor puede pagarle una maestría en el exterior o es amigo del director de la empresa en la que usted quiere escalar posiciones), piénselo bien antes de botar a la basura el tiempo invertido. Asegúrese de enseñarle lo "bondadosa" que usted ha sido al perdonarlo y todo el daño que le ha hecho, y cómo casi angelicalmente usted está dispuesta a acompañarlo a pesar de que se ha portado como un culo (ass). En fin, si hace un excelente trabajo de mercadeo de su bondad y una gran campaña de desprestigio contra el otro, no sólo habrá solucionado el problema de la infidelidad (es un método más efectivo con hombres razonables*), sino que le hará ganar terreno en cualquier discusión con tan sólo insinuar el regreso de la guerra fría.
En definitiva, si es por estrategia, aprenda a reírse del asunto, pero nunca deje de recordárselo.
*Hombre razonable: uno que se haya acostado con tantas mujeres que ya esté empezando a quedar impotente y sienta que al entrar a los 40 ya es mejor sentar cabeza.
domingo, noviembre 01, 2009
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